El Cervantes avisa: el español de las máquinas no debe quedarse sin acentos
Esta semana me llamó la atención una declaración del Instituto Cervantes en Chile. Su director, Luis García Montero, abrió la II Conferencia Internacional de Español como Lengua Extranjera (CoIELE), que se celebra del 7 al 9 de octubre, y dejó una idea clara: la inteligencia artificial ya es inevitable en la educación, así que la responsabilidad es vigilar cómo se construye.
Lo que más me hizo pensar es el riesgo que describe. Si la lengua de la IA se programa sin supervisión humana ni diversidad de miradas, el español de las máquinas podría quedar empobrecido y homogéneo, sin sus acentos. Y según el Cervantes, esto no se puede dejar solo en manos de ingenieros: también les toca a los profesores de español, que conocen la responsabilidad ética de usar una lengua. Propone crear recursos, favorecer corpus diversos y reforzar la cooperación panhispánica.
Hay cifras que ponen el tema en perspectiva. Uno de cada diez hablantes nativos de español vive en un país donde el español no es oficial ni mayoritario, y los hablantes potenciales fuera del ámbito hispánico superan los 120 millones. Además, se prevé que en 2050 el 86 % de la población hispanohablante viva en ciudades, lo que según los análisis del Instituto podría perjudicar a las lenguas minoritarias y originarias.
Tras la conferencia, el Cervantes firmó un convenio con la Universidad de Viña del Mar para ofrecer cada año cursos de lengua y cultura en Chile; para 2027 está previsto uno sobre cultura, arte e historia en Viña del Mar y Valparaíso.
Para quienes aprendemos o enseñamos idiomas aquí, me parece un buen recordatorio: usar una herramienta de IA para practicar está bien, pero conviene preguntarse qué variedades de la lengua le hemos enseñado a esa herramienta.
Fuente: Instituto Cervantes
Lo que más me hizo pensar es el riesgo que describe. Si la lengua de la IA se programa sin supervisión humana ni diversidad de miradas, el español de las máquinas podría quedar empobrecido y homogéneo, sin sus acentos. Y según el Cervantes, esto no se puede dejar solo en manos de ingenieros: también les toca a los profesores de español, que conocen la responsabilidad ética de usar una lengua. Propone crear recursos, favorecer corpus diversos y reforzar la cooperación panhispánica.
Hay cifras que ponen el tema en perspectiva. Uno de cada diez hablantes nativos de español vive en un país donde el español no es oficial ni mayoritario, y los hablantes potenciales fuera del ámbito hispánico superan los 120 millones. Además, se prevé que en 2050 el 86 % de la población hispanohablante viva en ciudades, lo que según los análisis del Instituto podría perjudicar a las lenguas minoritarias y originarias.
Tras la conferencia, el Cervantes firmó un convenio con la Universidad de Viña del Mar para ofrecer cada año cursos de lengua y cultura en Chile; para 2027 está previsto uno sobre cultura, arte e historia en Viña del Mar y Valparaíso.
Para quienes aprendemos o enseñamos idiomas aquí, me parece un buen recordatorio: usar una herramienta de IA para practicar está bien, pero conviene preguntarse qué variedades de la lengua le hemos enseñado a esa herramienta.
Fuente: Instituto Cervantes
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