«Mi viejo» y la música de la infancia: un adiós a Piero
Leí en Infobae una columna personal de Guillermo E. Pintos, escrita tras enterarse de la muerte del cantautor italoargentino Piero, y me pareció una forma muy bonita de despedir a un artista: contando lo que su música significó en una casa cualquiera.
Pintos recuerda la infancia en las afueras de Olavarría, a mediados de los años 70 y comienzos de los 80, cuando la radio y el tocadiscos sonaban todo el día y eran su puerta a la música nueva. Menciona a Ricardo Soulé y a Vox Dei, y el disco «Cuero caliente» que la familia trajo desde La Plata para su hermano. Su padre, Víctor Pintos, conducía los domingos un espacio deportivo en la radio local LU 32 y, cada Día del Padre, abría el programa con «Mi viejo» y leía un texto escrito para su propio padre.
Para el autor, esa canción expresa el cariño entre dos hombres de pocas palabras que nunca supieron acercarse ni decirse lo que sentían. Recuerda también la dupla con el periodista y escritor José Tcherkaski, que escribía las letras con observación social y personajes cotidianos mientras Piero ponía música e interpretación. De ahí salieron «Mi viejo», «Pedro Nadie», «Juan Boliche», «Para el pueblo lo que es del pueblo» y «Un hombre común».
La columna cuenta además que Rubén Blades, cuando estudiaba Derecho en Panamá, dijo que Piero fue el primer artista que vio llevar la balada a un formato urbano con argumento social, y que años después Blades compuso «Pablo Pueblo». Sobre «Juan Boliche», Pintos observa que el bar es el único lugar donde el personaje existe socialmente, y que el nombre propio fundido con el del lugar lo vuelve parte del paisaje. Evoca también a Mercedes Sosa cantando «Soy pan, soy paz, soy más» en el Teatro Ópera en febrero de 1982, todavía bajo la dictadura, como un acto de sanación colectiva.
Cierra con un «Buen viaje, tano». A mí me queda la idea de que una canción corta puede guardar décadas de afecto.
Fuente: Infobae
Pintos recuerda la infancia en las afueras de Olavarría, a mediados de los años 70 y comienzos de los 80, cuando la radio y el tocadiscos sonaban todo el día y eran su puerta a la música nueva. Menciona a Ricardo Soulé y a Vox Dei, y el disco «Cuero caliente» que la familia trajo desde La Plata para su hermano. Su padre, Víctor Pintos, conducía los domingos un espacio deportivo en la radio local LU 32 y, cada Día del Padre, abría el programa con «Mi viejo» y leía un texto escrito para su propio padre.
Para el autor, esa canción expresa el cariño entre dos hombres de pocas palabras que nunca supieron acercarse ni decirse lo que sentían. Recuerda también la dupla con el periodista y escritor José Tcherkaski, que escribía las letras con observación social y personajes cotidianos mientras Piero ponía música e interpretación. De ahí salieron «Mi viejo», «Pedro Nadie», «Juan Boliche», «Para el pueblo lo que es del pueblo» y «Un hombre común».
La columna cuenta además que Rubén Blades, cuando estudiaba Derecho en Panamá, dijo que Piero fue el primer artista que vio llevar la balada a un formato urbano con argumento social, y que años después Blades compuso «Pablo Pueblo». Sobre «Juan Boliche», Pintos observa que el bar es el único lugar donde el personaje existe socialmente, y que el nombre propio fundido con el del lugar lo vuelve parte del paisaje. Evoca también a Mercedes Sosa cantando «Soy pan, soy paz, soy más» en el Teatro Ópera en febrero de 1982, todavía bajo la dictadura, como un acto de sanación colectiva.
Cierra con un «Buen viaje, tano». A mí me queda la idea de que una canción corta puede guardar décadas de afecto.
Fuente: Infobae
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