Hyperallergic sobre «La historia del grabado»: las estampas como el primer arte compartido en masa
La reseña de Bridget Quinn en Hyperallergic sobre el libro de Holly EJ Black de 2026, The Story of Printmaking: A Global History of Art, me dejó pensando en su argumento: la historia del grabado es, en el fondo, una historia de democratización del arte.
El punto de partida de Quinn es lo escasas que eran antes las imágenes. Antes de que se extendiera la imprenta, las imágenes estaban ligadas sobre todo al ritual religioso, a los espacios sagrados, a la educación especializada o a la riqueza. Las estampas fueron de los primeros y más duraderos desafíos a esa exclusividad, porque eran las primeras obras de arte que podían reproducirse en gran número y pasar de mano en mano.
La reseña señala además que el grabado suele considerarse secundario frente a la pintura y la escultura, aunque las estampas transmitieron creencias religiosas e historia intelectual en todo el mundo y sirvieron como herramientas de propaganda y protesta. Según Quinn, el libro de Black incorpora perspectivas de muchas regiones y sitúa en el centro a figuras que quizá ni siquiera fueron artistas.
La reseña ilustra el texto con Fuji visto desde Kanaya en el Tōkaidō, de Hokusai, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (hacia 1830-32), un buen recordatorio de cómo una sola xilografía podía llegar a un público enorme.
Como alguien a quien le gustan la xilografía y el linóleo, me gustó este enfoque. Cada vez que tiras una estampa haces una pequeña versión de lo mismo: poner una idea al alcance de muchas manos. Quinn cierra sugiriendo que el mensaje es especialmente relevante ahora, y creo que tiene razón.
Fuente: Hyperallergic
El punto de partida de Quinn es lo escasas que eran antes las imágenes. Antes de que se extendiera la imprenta, las imágenes estaban ligadas sobre todo al ritual religioso, a los espacios sagrados, a la educación especializada o a la riqueza. Las estampas fueron de los primeros y más duraderos desafíos a esa exclusividad, porque eran las primeras obras de arte que podían reproducirse en gran número y pasar de mano en mano.
La reseña señala además que el grabado suele considerarse secundario frente a la pintura y la escultura, aunque las estampas transmitieron creencias religiosas e historia intelectual en todo el mundo y sirvieron como herramientas de propaganda y protesta. Según Quinn, el libro de Black incorpora perspectivas de muchas regiones y sitúa en el centro a figuras que quizá ni siquiera fueron artistas.
La reseña ilustra el texto con Fuji visto desde Kanaya en el Tōkaidō, de Hokusai, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (hacia 1830-32), un buen recordatorio de cómo una sola xilografía podía llegar a un público enorme.
Como alguien a quien le gustan la xilografía y el linóleo, me gustó este enfoque. Cada vez que tiras una estampa haces una pequeña versión de lo mismo: poner una idea al alcance de muchas manos. Quinn cierra sugiriendo que el mensaje es especialmente relevante ahora, y creo que tiene razón.
Fuente: Hyperallergic
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