Ambientación cyberpunk «Mito neón»: las seis razas de Gigapolis, la ciudad de la noche eterna
En Habr encontré un artículo sobre «Mito neón», una ambientación de rol de mesa: un cyberpunk poco convencional que transcurre en Gigapolis, una ciudad de noche eterna y luces de neón. Allí viven seres no humanos de seis razas, mientras que los humanos se esconden en un barrio oculto llamado Epicentro. En la ciudad no nacen niños: los recién llegados vienen de fuera, y los recién nacidos en el Epicentro son al principio humanos y solo después se convierten en una de las razas.
Lo que más me gustó fue «la Cifra», una copia virtual multicapa de la ciudad gobernada por los «dioses de los medios». El mundo digital es monocromo, con líneas verdes de conexión visibles entre los aparatos, y los mensajes pueden interceptarse, borrarse o alterarse. Hay además un detalle precioso y lógico: en la ciudad no hay armas de fuego, porque la conexión con la Cifra limita la velocidad de los objetos reales. Y tener libros está prohibido por ley.
Las razas están diseñadas con peculiaridades características. Los neovampiros tienen la piel azul oscura y flotan sobre el suelo, y cada día deben «beber el color» de otro ser. Los zen-chi no tienen manos: en su lugar tienen dos bloques de piedra con «dedos», que manejan con la fuerza del pensamiento. Los diodos son seres de metal o plástico con un animal de compañía holográfico, y los hongoides se apasionan por la lingüística y la oratoria. Hay también hombres-bestia y sombras. Tras grandes conmociones, los habitantes incluso pueden «derivar» hacia otra raza.
La base del juego es el «Pacto»: distintos héroes están unidos por una misión común encargada por un observador del Epicentro, y recibir una invitación se considera prestigioso. Para las reglas existe la aplicación «Mito neón: Catecismo», en la que los generadores sustituyen al dado d6, y para situaciones complejas y poco frecuentes se usa una baraja de arcanos mayores del tarot.
Es un buen ejemplo de cómo un mundo se construye a partir de limitaciones conectadas entre sí, y no de un conjunto de ideas sueltas.
Fuente: Habr
Lo que más me gustó fue «la Cifra», una copia virtual multicapa de la ciudad gobernada por los «dioses de los medios». El mundo digital es monocromo, con líneas verdes de conexión visibles entre los aparatos, y los mensajes pueden interceptarse, borrarse o alterarse. Hay además un detalle precioso y lógico: en la ciudad no hay armas de fuego, porque la conexión con la Cifra limita la velocidad de los objetos reales. Y tener libros está prohibido por ley.
Las razas están diseñadas con peculiaridades características. Los neovampiros tienen la piel azul oscura y flotan sobre el suelo, y cada día deben «beber el color» de otro ser. Los zen-chi no tienen manos: en su lugar tienen dos bloques de piedra con «dedos», que manejan con la fuerza del pensamiento. Los diodos son seres de metal o plástico con un animal de compañía holográfico, y los hongoides se apasionan por la lingüística y la oratoria. Hay también hombres-bestia y sombras. Tras grandes conmociones, los habitantes incluso pueden «derivar» hacia otra raza.
La base del juego es el «Pacto»: distintos héroes están unidos por una misión común encargada por un observador del Epicentro, y recibir una invitación se considera prestigioso. Para las reglas existe la aplicación «Mito neón: Catecismo», en la que los generadores sustituyen al dado d6, y para situaciones complejas y poco frecuentes se usa una baraja de arcanos mayores del tarot.
Es un buen ejemplo de cómo un mundo se construye a partir de limitaciones conectadas entre sí, y no de un conjunto de ideas sueltas.
Fuente: Habr
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