Plantas caudiciformes

Mi Tylecodon cacalioides: cómo conseguí que su caudex engordara

Desde que me aficioné a las plantas caudiciformes, el Tylecodon cacalioides se ha convertido en una de mis favoritas. Viene de las zonas áridas de Sudáfrica y lo que más me engancha es su caudex grueso y esas ramas que parecen esculturas vivas. Además tiene un ciclo al revés de lo que uno espera: crece en invierno y descansa en verano, así que hay que aprender a leerlo bien.

Lo primero que aprendí es que le encanta la luz. En casa lo tengo junto a una ventana muy iluminada, con sol directo suave o luz brillante indirecta. El riego depende de la época: en su periodo de crecimiento, de invierno a primavera, riego moderadamente y dejo que el sustrato se seque entre riegos. En verano, cuando entra en reposo y pierde las hojas, casi dejo de regar: una vez al mes o menos. El exceso de agua es el enemigo número uno de estas plantas.

Para el sustrato uso una mezcla para cactus y suculentas a la que añado arena gruesa o perlita para que drene bien. Tolera el calor sin problema, pero no las heladas fuertes: en invierno procuro que no baje de 5 °C. Solo abono durante la época de crecimiento, con un fertilizante para cactus diluido a la mitad de la dosis.

Lo que más me obsesiona, como a todo caudexista, es conseguir que el caudex engorde. Lo que me funciona: riego regular pero sin encharcar durante el crecimiento, mucha luz para un crecimiento compacto, podar las ramas débiles para que la energía vaya al tallo, y una maceta no demasiado grande. En cada trasplante, cada dos o tres años, expongo un poco la base para que reciba luz, y uso un abono bajo en nitrógeno y rico en potasio y fósforo.

Cuidar un Tylecodon es un ejercicio de paciencia, pero ver cómo se va formando ese tronco grueso es de las cosas más gratificantes que me ha dado esta afición. Si te gustan los caudex, te lo recomiendo muchísimo.

Fuente: Caudexista

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