Cuidados de la palmera de Madagascar: mucha luz, poca agua y un invierno cálido
La palmera de Madagascar (Pachypodium lamerei) no es una auténtica palmera, sino una suculenta de la familia de las apocináceas. En el comercio también se la llama pata gorda o cactus palmera. Lo que más me atrae es su tronco engrosado y espinoso, que funciona como depósito de agua: en interior puede alcanzar unos 30 cm de diámetro, y la planta suele crecer hasta dos metros. En su tierra natal, Madagascar, llega a medir hasta ocho metros.
En cuanto a la ubicación, cuanto más luminosa y cálida, mejor; lo ideal es una ventana orientada al sur. En verano puede salir al exterior, pero debe acostumbrarse poco a poco al sol directo, o de lo contrario sufrirá quemaduras. Se siente mejor entre 18 y 30 °C; en invierno no debe bajar de 15 °C. No tolera las heladas, así que hay que meterla en casa antes de la primera helada.
El sustrato debe ser permeable y suelto, por ejemplo una mezcla de tierra para cactus, tierra universal y arena, con una capa de drenaje de grava o arcilla expandida. El riego debe ser moderado: deja que la superficie se seque entre riegos, porque el encharcamiento provoca rápidamente la pudrición de raíces. En la época de crecimiento, de primavera a otoño, se puede regar algo más; en invierno basta con que el sustrato se mantenga ligeramente húmedo. De abril a septiembre, abona cada dos a cuatro semanas con fertilizante para cactus diluido.
Trasplanta cada dos o tres años, en primavera, eligiendo una maceta solo unos dos centímetros más grande. Importante: usa guantes y protege el tronco, porque la savia lechosa irrita la piel y toda la planta es venenosa por sus cardenólidos, así que hay que tener cuidado con niños y mascotas. Se puede multiplicar por semillas a 25–30 °C o, más sencillo, por esquejes de brotes laterales.
Según el artículo, que las hojas caigan en invierno es normal: la planta descansa y vuelve a brotar en primavera. Las plagas más comunes son las cochinillas y los ácaros; una humedad más alta y limpiar las zonas afectadas ayudan.
Fuente: Gartenjournal
En cuanto a la ubicación, cuanto más luminosa y cálida, mejor; lo ideal es una ventana orientada al sur. En verano puede salir al exterior, pero debe acostumbrarse poco a poco al sol directo, o de lo contrario sufrirá quemaduras. Se siente mejor entre 18 y 30 °C; en invierno no debe bajar de 15 °C. No tolera las heladas, así que hay que meterla en casa antes de la primera helada.
El sustrato debe ser permeable y suelto, por ejemplo una mezcla de tierra para cactus, tierra universal y arena, con una capa de drenaje de grava o arcilla expandida. El riego debe ser moderado: deja que la superficie se seque entre riegos, porque el encharcamiento provoca rápidamente la pudrición de raíces. En la época de crecimiento, de primavera a otoño, se puede regar algo más; en invierno basta con que el sustrato se mantenga ligeramente húmedo. De abril a septiembre, abona cada dos a cuatro semanas con fertilizante para cactus diluido.
Trasplanta cada dos o tres años, en primavera, eligiendo una maceta solo unos dos centímetros más grande. Importante: usa guantes y protege el tronco, porque la savia lechosa irrita la piel y toda la planta es venenosa por sus cardenólidos, así que hay que tener cuidado con niños y mascotas. Se puede multiplicar por semillas a 25–30 °C o, más sencillo, por esquejes de brotes laterales.
Según el artículo, que las hojas caigan en invierno es normal: la planta descansa y vuelve a brotar en primavera. Las plagas más comunes son las cochinillas y los ácaros; una humedad más alta y limpiar las zonas afectadas ayudan.
Fuente: Gartenjournal
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