Sensores inteligentes: de edificios y ciudades a la industria y la salud
Los sensores han dejado de ser componentes casi invisibles de taller o fábrica. Hardware Libre repasa varios proyectos en España y Europa donde redes de dispositivos conectados, plataformas de datos e inteligencia artificial se usan para tareas muy distintas: anticipar averías, controlar la contaminación, identificar aves por su canto o mejorar la seguridad de un vehículo.
El ejemplo más detallado es Scamia, en Madrid, un proyecto de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo que hasta 2027 se aplicará en quince edificios, trece de ellos de vivienda pública. Cuenta con un presupuesto de unos 5,2 millones de euros con cofinanciación europea y gira en torno a un gemelo digital de cada inmueble. Se analizan los datos de cerca de doscientos sensores por edificio, conectados por WiFi e IoT, que miden temperatura, humedad relativa o niveles de CO2 para detectar anomalías antes de que las noten los vecinos. Los datos se anonimizan y se asocian a hogares, no a personas.
Los responsables calculan un recorte del 15% al 20% en mantenimiento de equipos como aerotermia o calderas y del 5% al 10% en consumo energético. El artículo añade un baño de realismo: esos porcentajes equivalen a unos 40 o 100 euros al año por vivienda en energía, y el valor real aparece al sumar muchos hogares y evitar averías caras.
En Cartagena se prepara otra red para los barrios del norte, con un contrato de 130.258 euros con IVA y unos quince equipos que medirán gases como el dióxido de nitrógeno o el ozono.
Me parece un buen recordatorio de que los mismos principios que usamos en un proyecto casero con un microcontrolador y un sensor de temperatura se escalan a una ciudad entera. Lo difícil, como señala el texto, no es medir sino convertir millones de lecturas en decisiones útiles.
Fuente: Hardware Libre
El ejemplo más detallado es Scamia, en Madrid, un proyecto de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo que hasta 2027 se aplicará en quince edificios, trece de ellos de vivienda pública. Cuenta con un presupuesto de unos 5,2 millones de euros con cofinanciación europea y gira en torno a un gemelo digital de cada inmueble. Se analizan los datos de cerca de doscientos sensores por edificio, conectados por WiFi e IoT, que miden temperatura, humedad relativa o niveles de CO2 para detectar anomalías antes de que las noten los vecinos. Los datos se anonimizan y se asocian a hogares, no a personas.
Los responsables calculan un recorte del 15% al 20% en mantenimiento de equipos como aerotermia o calderas y del 5% al 10% en consumo energético. El artículo añade un baño de realismo: esos porcentajes equivalen a unos 40 o 100 euros al año por vivienda en energía, y el valor real aparece al sumar muchos hogares y evitar averías caras.
En Cartagena se prepara otra red para los barrios del norte, con un contrato de 130.258 euros con IVA y unos quince equipos que medirán gases como el dióxido de nitrógeno o el ozono.
Me parece un buen recordatorio de que los mismos principios que usamos en un proyecto casero con un microcontrolador y un sensor de temperatura se escalan a una ciudad entera. Lo difícil, como señala el texto, no es medir sino convertir millones de lecturas en decisiones útiles.
Fuente: Hardware Libre
Comentarios 0
Deja el primer comentario, en el idioma que quieras.
Inicia sesión para comentar