Pisa 1940 abre en Milán un nuevo taller de revisión y restauración
Quien tiene un reloj mecánico sabe que tarde o temprano llega el momento de la revisión, y saber a quién confiarlo importa casi tanto como el reloj en sí. Por eso me llamó la atención la noticia de que Pisa 1940 ha inaugurado en Milán un nuevo taller de más de 170 metros cuadrados dedicado a servicio, revisión y restauración.
El taller cuenta con seis puestos de trabajo completos, pensados tanto para revisiones rápidas como para trabajos de gran precisión, y con un equipo de ocho relojeros con formación certificada en las casas más conocidas. Hay salas para limpieza y chorreado, espacios para lavar mecanismos, cajas y brazaletes, y herramientas avanzadas de diagnóstico, incluidas pruebas de estanqueidad.
La idea de partida es un principio muy querido en la historia de la empresa. Chiara Pisa, consejera delegada, recuerda que su abuelo Ugo consideraba los relojes como seres vivos, con un tictac parecido al latido de un corazón. Cuidar un reloj mediante el mantenimiento, la revisión o la reparación significa, por tanto, alimentar el vínculo entre el reloj y quien lo lleva.
Una decisión interesante es que el taller sea independiente de las boutiques, al margen de la tendencia a integrar los centros técnicos en los showrooms. El antiguo taller cerrado da paso a la transparencia y al diálogo con clientes, coleccionistas y aficionados, e incluso hay un rincón de biblioteca con más de 250 volúmenes.
Para quienes coleccionan relojes de época es una buena noticia: un taller que pone la restauración en el centro, de forma visible, es señal de que la artesanía relojera sigue viva.
Fuente: Orologi
El taller cuenta con seis puestos de trabajo completos, pensados tanto para revisiones rápidas como para trabajos de gran precisión, y con un equipo de ocho relojeros con formación certificada en las casas más conocidas. Hay salas para limpieza y chorreado, espacios para lavar mecanismos, cajas y brazaletes, y herramientas avanzadas de diagnóstico, incluidas pruebas de estanqueidad.
La idea de partida es un principio muy querido en la historia de la empresa. Chiara Pisa, consejera delegada, recuerda que su abuelo Ugo consideraba los relojes como seres vivos, con un tictac parecido al latido de un corazón. Cuidar un reloj mediante el mantenimiento, la revisión o la reparación significa, por tanto, alimentar el vínculo entre el reloj y quien lo lleva.
Una decisión interesante es que el taller sea independiente de las boutiques, al margen de la tendencia a integrar los centros técnicos en los showrooms. El antiguo taller cerrado da paso a la transparencia y al diálogo con clientes, coleccionistas y aficionados, e incluso hay un rincón de biblioteca con más de 250 volúmenes.
Para quienes coleccionan relojes de época es una buena noticia: un taller que pone la restauración en el centro, de forma visible, es señal de que la artesanía relojera sigue viva.
Fuente: Orologi
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