Brea de pino paso a paso: la multiherramienta olvidada del bosque
La brea de pino es uno de esos materiales que nuestros bisabuelos conocían y que la mayoría hemos olvidado. Una nueva guía de Survival Sullivan explica cómo hacerla, y me hizo apreciar cuántas funciones puede cumplir un pedazo de resina de árbol.
Entre los usos que enumera están impermeabilizar madera y cuero, sellar grietas, pegar flechas y herramientas primitivas, y servir como encendedor resistente al agua o como combustible para una antorcha de combustión lenta. También se ha mezclado con barnices naturales y se ha usado como remedio popular para cortes y picaduras.
Se empieza con resina endurecida, que se encuentra en forma de grumos ámbar en los nudos, las ramas rotas y los árboles dañados por tormentas. El autor advierte que no hay que herir un árbol sano solo para hacer que salga savia. Después se añade un relleno, lo más habitual es ceniza de madera dura de tu propia hoguera, aunque también sirven el serrín o las fibras vegetales secas, y un aglutinante como sebo de vaca o cera de abejas para darle flexibilidad.
El método es una configuración de baño maría: un recipiente grande resistente al fuego que contiene dos latas pequeñas, una de ellas con agujeros en el fondo para que la resina fundida gotee a la otra. Las pinzas o los levantadores de latas son imprescindibles, porque todo se calienta muchísimo, y la guía recomienda usar latas viejas en lugar de tu buena cacharrería.
Lo que más me gustó es lo poco equipo que hace falta. Un fuego, unas cuantas latas y algo de ceniza convierten la resina desechada en algo realmente útil, y ese es exactamente el tipo de truco que hace que el bushcraft resulte satisfactorio.
Fuente: Survival Sullivan
Entre los usos que enumera están impermeabilizar madera y cuero, sellar grietas, pegar flechas y herramientas primitivas, y servir como encendedor resistente al agua o como combustible para una antorcha de combustión lenta. También se ha mezclado con barnices naturales y se ha usado como remedio popular para cortes y picaduras.
Se empieza con resina endurecida, que se encuentra en forma de grumos ámbar en los nudos, las ramas rotas y los árboles dañados por tormentas. El autor advierte que no hay que herir un árbol sano solo para hacer que salga savia. Después se añade un relleno, lo más habitual es ceniza de madera dura de tu propia hoguera, aunque también sirven el serrín o las fibras vegetales secas, y un aglutinante como sebo de vaca o cera de abejas para darle flexibilidad.
El método es una configuración de baño maría: un recipiente grande resistente al fuego que contiene dos latas pequeñas, una de ellas con agujeros en el fondo para que la resina fundida gotee a la otra. Las pinzas o los levantadores de latas son imprescindibles, porque todo se calienta muchísimo, y la guía recomienda usar latas viejas en lugar de tu buena cacharrería.
Lo que más me gustó es lo poco equipo que hace falta. Un fuego, unas cuantas latas y algo de ceniza convierten la resina desechada en algo realmente útil, y ese es exactamente el tipo de truco que hace que el bushcraft resulte satisfactorio.
Fuente: Survival Sullivan
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