Seis años dando forma a un enebro de vivero: así avanzó el bonsái
Hay árboles que se compran con la mirada puesta en el tronco, y este enebro de vivero es un buen ejemplo. Bonsai Empire documenta seis años de trabajo sobre un ejemplar que tenía unos 20 años cuando lo compraron y que ya había pasado unos diez años creciendo para preparar el material. Costó alrededor de 200 USD, una inversión importante que los autores consideran justificada por el grosor y el movimiento del tronco.
La primera estilización fue la más intensa. Quitaron una rama demasiado gruesa y la sustituyeron por ramas más jóvenes, que se pueden doblar mejor, y eliminaron entre un 30 % y un 40 % del follaje porque el árbol estaba sano. Después limpiaron el crecimiento colgante, emparejaron ramas de grosor similar y las alambraron desde las principales hacia el ápice, con alambre más fino para las ramas finas.
En el trasplante cubrieron los drenajes con malla y fijaron dos alambres largos para anclar el árbol. Retiraron parte de la tierra orgánica del vivero y algunas raíces viejas y oscuras, y usaron una mezcla de akadama, roca volcánica y piedra pómez. La tierra antigua se reemplaza poco a poco, en varios trasplantes, para no estresar las raíces.
Entre los años 2 y 4 apenas hicieron nada salvo podas ligeras dos veces al año. En el año 5 llegó una segunda estilización con ramas pequeñas y ángulos, además de otro trasplante. Hoy el árbol está casi terminado, con almohadillas de follaje más densas.
A mí me gusta sobre todo la idea de que un bonsái no tiene meta fija: se afina cada temporada. Un detalle curioso es que el título del vídeo habla de 26 años, que seguramente cuenta también los años previos en el vivero.
Fuente: Bonsai Empire
La primera estilización fue la más intensa. Quitaron una rama demasiado gruesa y la sustituyeron por ramas más jóvenes, que se pueden doblar mejor, y eliminaron entre un 30 % y un 40 % del follaje porque el árbol estaba sano. Después limpiaron el crecimiento colgante, emparejaron ramas de grosor similar y las alambraron desde las principales hacia el ápice, con alambre más fino para las ramas finas.
En el trasplante cubrieron los drenajes con malla y fijaron dos alambres largos para anclar el árbol. Retiraron parte de la tierra orgánica del vivero y algunas raíces viejas y oscuras, y usaron una mezcla de akadama, roca volcánica y piedra pómez. La tierra antigua se reemplaza poco a poco, en varios trasplantes, para no estresar las raíces.
Entre los años 2 y 4 apenas hicieron nada salvo podas ligeras dos veces al año. En el año 5 llegó una segunda estilización con ramas pequeñas y ángulos, además de otro trasplante. Hoy el árbol está casi terminado, con almohadillas de follaje más densas.
A mí me gusta sobre todo la idea de que un bonsái no tiene meta fija: se afina cada temporada. Un detalle curioso es que el título del vídeo habla de 26 años, que seguramente cuenta también los años previos en el vivero.
Fuente: Bonsai Empire
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